
Anoche, 18 de octubre, tuve la suerte de asistir en la Iglesia San José de la Montaña a un concierto coral femenino verdaderamente inolvidable. Dos agrupaciones, el coro TANTAK Taldea de Vitoria y el coro Noialtre de Madrid, se unieron en un concierto organizado por la Escuela Coral de Madrid, regalando al público una velada llena de fuerza, sensibilidad y complicidad artística.
Bajo la dirección de Mónica Pérez de Heredia y José Mena Polo, y acompañados por sus pianistas Alena Zaldívar y Abel Iturriaga, cada coro presentó un repertorio cuidadosamente seleccionado que reflejaba su personalidad musical. El programa abarcó desde piezas clásicas hasta arreglos contemporáneos, permitiendo disfrutar tanto de interpretaciones individuales como de momentos compartidos en los que ambas agrupaciones unieron sus voces.
Excelencia y diversidad en el repertorio
Desde el primer instante se percibió una conexión especial entre las cantantes y el público. La armonía, la expresividad y la entrega emocional crearon un ambiente íntimo, donde las voces parecían susurrar directamente al alma. Más allá del talento y la técnica, destacó la sororidad entre ambas formaciones: mujeres creando juntas, escuchándose y respirando al unísono.
El concierto se abrió con la actuación de Noialtre, que ofreció un repertorio variado: desde la espiritualidad de la Messe brève y el Ave verum de Gabriel Fauré, pasando por la intensidad del Salve Regina de Miklos Kocsar, hasta piezas populares y contemporáneas como Árbol de canción de Modesta Bor, Mariposita de primavera de Miguel Matamoros (arreglo de Alberto Grau) y Tonada para dos tristezas de Ignacio Izcaray (arreglo de José Mena Polo). Cerraron con un guiño al repertorio norteamericano: Sisters de Irving Berlin (arreglo de Kirby Shaw) y The Shoop Shoop Song de Rudy Clark, interpretadas con frescura y humor.
A continuación, TANTAK Taldea presentó un programa de gran riqueza sonora y expresiva, articulado en tres bloques. El primero combinó poesía vasca y armonías modernas: Txoria Txori de Mikel Laboa (arreglo de Moisés Hidalgo), Tantak de Josu Elberdin y una sorprendente versión coral de Nothing Else Matters de Metallica (arreglo de Moritz Thiel). El segundo bloque estuvo dedicado a la música sacra, con un emotivo Ave María de Francisco Ibáñez, el sereno Pater Noster de Xabier Sarasola y el luminoso Gloria de la Missa brevis de Léo Delibes. El último bloque llevó nuevamente al público a un terreno emocional y cercano con Airia de Xabier Sarasola y Maitia nun zira en arreglo de Josu Elberdin.
Un Broche de Oro Colaborativo
El broche de oro llegó cuando ambos coros unieron sus voces en tres piezas conjuntas: Despertar de Antonio Estévez, Zure agurra y la tradicional norteamericana Bring Me Little Water, Silvy (arreglo de Moira Smiley). Estos cantos reflejaron a la perfección el espíritu del encuentro: complicidad, emoción y alegría compartida.
El público asistente, de pie, ofreció una calurosa y prolongada ovación, no solo en reconocimiento a la calidad musical de las interpretaciones, sino también a la complicidad y amistad que se manifestó entre las coralistas. El concierto «Canción Otoñal» no fue solo una muestra de talento individual, sino un exitoso modelo de intercambio cultural y colaboración que sin duda deja una huella en la Escuela Coral de Madrid y en la difusión de la música coral femenina.
Anoche, la música no solo sonó: nos abrazó y nos recordó lo que somos capaces de sentir cuando estamos realmente conectados por la belleza.
Begoña Martínez
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