BATUTAS

JAVIER
CORCUERA

director de coro y orquesta, cantante y divulgador sobre música coral en el programa «Armonías vocales» en Radio Clásica
Javier Corcuera tuvo un flechazo siendo niño. Acababa de hacer su primera audición para cantar en el coro de Sociedad Coral de Bilbao. Le aceptaron, claro, dadas sus excelentes dotes naturales para el canto. Ese día participó en ese primer ensayo de su vida solo como oyente porque aún no tenía ni las partituras. ¿¡Qué es esta maravilla!?, pensó tan pronto el coro comenzó a entonar las primeras notas del Magnificat de Bach. Y ahí, en ese preciso instante, que recuerda casi como una fotografía, lo supo. Seré cantante, viviré aquí y así, se vino a decir a sí mismo… Y lo cumplió. Desde entonces, ha sido cantor aficionado, profesional, dio el salto a la dirección coral y orquestal, deseoso de poder darle su propia interpretación a esas partituras amadas; y así sigue, cantando todos los días, dirigiendo, experimentando la música. Ahora, incluso, también como divulgador en la prestigiosa Radio Clásica de Radio Nacional de España con su programa semanal «Armonías vocales».
Javier Corcuera al frente de la la Orquesta Filarmónica de España en el Auditorio Nacional, diciembre de 2022
«MIRAR LA PARTITURA lo justo mejoraría la experiencia coral a todos los niveles. Hay que romper barreras»

Javier, lo tuyo con el mundo coral fue un flechazo, algo muy vocacional.
Sí que fue un flechazo, recuerdo todavía perfectamente mi primer ensayo de niño en la Sociedad Coral de Bilbao. Me hicieron la prueba de acceso delante de 60 niños, más bien niñas, porque éramos solo dos o tres chicos. Y esa primera vez, cuando el coro entonó las primeras notas del Magnificat de Bach me quedé alucinado. «Ahora entiendo lo que es la música», me dije. Y directamente me enamoré de esta música nuestra. Aunque mis padres se habían conocido en el coro de adultos de la Sociedad Coral de Bilbao, yo nunca había escuchado antes la música coral; escuchaba mucha música, de todo tipo, y de niño me pasaba el día cantando. En aquellos años aprendía solfeo con una prima mía, que fue quien sugirió que hiciera mi primera audición. Aún hoy canto todos los días. En aquel momento, de niño, en que cantar era algo súper natural para mí, participar en el coro era seguir haciendo lo que me gustaba de una forma mas especial, de aprender, compartirlo con más gente, abriendo ventanas, descubriendo paisajes que me gustaban cada vez más. Mis profesores en el colegio y mi familia me apoyaron totalmente cuando les dije que quería dedicarme a la música profesionalmente.

¿Cómo fue la evolución desde el canto a la dirección? ¿Cómo tomas la decisión que querer ser el responsable del sonido de un coro?
También desde bastante joven, desde el coro juvenil y el coro de adultos, sentía que yo tenía mis propias ideas sobre la música que interpretábamos y que me gustaría dar mi visión y transmitírselo a los demás. Tenía claramente esa inquietud: «Yo también quiero contar lo que la música me transmite a mí». Desde el punto de vista del intérprete puedes transmitir mucho, pero como director lo vivo como una experiencia más completa. Con 20 años me dieron la oportunidad de dirigir un coro de ópera en Bilbao y me lancé. Y ahí, claro, te das cuenta de que te faltan herramientas. Coges experiencia y realmente creo que no hice mala labor del todo, pero quizá utilizaba demasiado la palabra. Me lo decían los cantores: hablas mucho y cantamos poco. Y es que ese es el reto, cuanto más puedas expresar como director con las manos, con el gesto, con la cara, con los ojos, más sobran las palabras. Siempre he seguido esa máxima, practicar y practicar para poder utilizar la menor cantidad de palabras en el ensayo.

«El movimiento coral ha mejorado mucho en España en los últimos 20 años. Se han notado los efectos positivos de un movimiento de formación de directores que empezó hace unos años y han surgido buenos profesionales»

¿Crees que un buen director de coro ha de tener una buena técnica vocal, ha de ser un buen cantante?
He visto de todo: directores que no cantan y que saben lo que quieren y saben transmitirlo. Pero si es para trabajar con tu propio coro, de manera continua, una de dos, o tienes las herramientas vocales o tienes a una persona al lado que puede hacerlo, un profesor de canto. Aunque un director de coro no cante, sí tiene que tener muchas nociones. Te tienes que formar lo suficiente. Cuanto mejor conozcas el instrumento, un coro, la voz, mejor. Aunque sea un coro formado por profesionales, es muy importante que el director sea capaz de marcar un criterio y tener muy claro qué sonido tienen que conseguir. Con cantantes profesionales que están muy acostumbrados incluso a cantar de solistas, hay también que trabajar el oficio de coro, el empaste y una serie de hábitos, sin renunciar a su técnica, claro, a su propia voz.

Repasando tu trayectoria, has mantenido siempre un equilibrio entre la dirección de coros (y orquestas) profesionales y la dirección de formaciones amateurs. ¿Dónde te sientes más tú?
Depende. Me he encontrado tanto en un lado como en el otro con agrupaciones con mucha hambre e ilusión. Donde hay direccionalidad en ambos sentidos, director-coro y coro-director, en ese diálogo es donde me siento cómodo y yo mismo. Compartir es la clave.

Concierto Orquesta Filarmónica de España y Coro UPM. Auditorio Nacional, 12-11-2022. | foto: archivo de Javier Corcuera

Hubo un tiempo en que los coros participativos fueron un auténtico éxito, de hecho tú participaste en muchos de ellos como director preparador. ¿Qué te llevas de esa época? ¿Cómo cuidar la calidad en representaciones tan masivas y cómo satisfacer al tiempo el deseo de tantas personas de formar parte de algo tan maravilloso como El Mesías de Haendel o el Requiem de Mozart o de Fauré, por ejemplo?
Guardo muy buen recuerdo de esa época porque te da la oportunidad de conocer a muchísima gente, de intercambiar mucho. Muchas personas, gracias a estas iniciativas, descubrían el mundo coral y realmente eso a mí parece una acción social buenísima; es dar una oportunidad de conocer el mundo de la música desde dentro a un nivel casi profesional, ves un resultado interesante y eso se contagia. Yo la verdad es que he tenido la suerte de que casi todas las veces el resultado era muy bueno y salía emocionado del concierto, y realmente se notaba que los cantantes, el coro, estaban haciendo fraseos, articulaciones, direcciones en el sonido; se conseguía bastante calidad.

«Donde hay direccionalidad en ambos sentidos, director-coro y coro-director, en ese diálogo, es donde me siento cómodo y yo mismo. Compartir es la clave»

¿Cómo ves el movimiento coral en la actualidad?
Si comparamos el movimiento coral con hace 20 años, por ejemplo en Madrid y también otras regiones de España que no tenían tanta tradición, lo veo muchísimo mejor con bastantes coros muy bien dirigidos, muy bien trabajados. Se han notado los efectos positivos de un movimiento de formación de directores que empezó hace unos años y han surgido buenos profesionales. Hay muy buenos cursos en Cataluña y País Vasco, por ejemplo, que nutren mucho, hay motivación de enseñar, de abrir horizontes. Lo bueno es que sea algo que contagie. En Aragón, en Extremadura, en Andalucía, en Canarias y en toda España, sin querer dejar sin nombrar ninguna zona, hay un trabajo excelente. ¿Qué debería mejorar? Se me escapa un poco, puesto que tiene que ver mucho con la educación en los colegios y en casa.

¿Y las voces masculinas? Porque casi todos los coros adolecen de falta de tenores, de bajos…
Una de las razones principales es que muchos padres deciden que el niño haga deporte y que la niña vaya a música. Incluso muchos dicen que no están dispuestos a pagar una matrícula por que sus hijos canten en un coro. Falta didáctica en las escuelas, que los propios padres vean el resultado de los coros. Porque un coro, si se participa en uno desde el periodo infantil, sobre todo aporta disciplina, la capacidad de trabajar por un objetivo común, da la oportunidad de socializar… En algún simposio algunos directores decían que en los colegios se tendría que obligar a cantar. Yo no llego a tanto pero ¿cuántas veces los profesores de música le piden a los padres que les compren a sus hijos una flauta o una guitarra cuando el instrumento de las personas es la voz? Cantar es algo que llevamos innato con nosotros. Yo lo que he vivido desde niño es que siempre cantabas: en la calle, en las excursiones con el colegio en autobús cantábamos… Tienes que enseñar a entonar; todos los niños lo hacen de oído de manera natural y eso se va perdiendo si no lo ejercitas. Sería muy sano para toda la sociedad, y el mundo de los coros ganaría, claro, si se volvería a una naturalidad en el canto. Los padres ahora no le cantan a sus hijos, y cuando yo era pequeño eso se hacía en las familias de manera cotidiana. En general en el mundo amateur los hombres, dicho sea con cariño, no suelen ser tener la misma implicación que las mujeres, porque inconscientemente saben que son pocos y por tanto muy necesarios y estudian menos en general. En mi coro actual, el de la Universidad Politécnica de Madrid, en este sentido ha mejorado mucho la cosa.

«Como director, cuanto más puedas expresar con las manos, con el gesto, con los ojos, más sobran las palabras. Siempre he seguido esa máxima, utilizar la menor cantidad de palabras en el ensayo»

¿Qué le pides a un cantor de coro, ya sea profesional o aficionado?
Implicación, ganas, emoción, trabajo. Todo lo que yo haga como cantante de coro repercute en el grupo. Que un niño aprenda esa lección es fundamental. Si yo no me esfuerzo perjudico, si yo sumo, es mejor. Ya podía toda la sociedad aprender de la capacidad de trabajo en equipo por un bien común de un coro.

Javier Corcuera al frente de la la Orquesta Filarmónica de España en el Auditorio Nacional, diciembre de 2022

A veces has bromeado en tus ensayos con la frase «Miradme al menos» de la obra de Ojos claros, serenos, por estar los cantores demasiado embebidos en sus partituras ¿Crees que se debería fomentar más actuar de memoria? ¿Disfrutarían más cantores, director y público?
Mi experiencia en los tres ámbitos, como cantante, director y público, es que el contacto es fundamental. Si te estás escondiendo detrás de la partitura ese contacto no existe. Poder transmitir con la cara, con la emoción, con los ojos… Siempre le digo a mis coros que la luz viaja más rápido que el sonido. Para el que está escuchando el concierto en vivo, es muy importante ver los ojos, el rostro del que canta, cómo te lo están diciendo, el poder transmitir. Quizás no cantar de memoria, que es complicado, como hacen los coros de niños, a los cuales admiro mucho porque aprenden por técnicas de repetición. Pero mirar la partitura lo justo mejoraría la experiencia a todos los niveles. Hay que romper barreras. Mucha gente tiene esa idea de que nuestra música es algo elitista, que te va a costar. Y si le pones más barreras, con la partitura tapándote la cara no haces más que acrecentar esa distancia. Cuanto más visual y con naturalidad sea todo, mejor.

Diriges y presentas el programa de radio «Armonías vocales» en Radio Nacional. ¿Cómo es esta experiencia divulgativa? ¿Cómo nace la iniciativa? A la música coral no se le ha hecho tradicionalmente mucho caso desde los medios especializados.
Surge en un momento que tuve la suerte de llegar a Radio Clásica y el director, que también era cantante, me dijo: «Tú deberías hacer un programa de música coral». La experiencia está siendo muy enriquecedora, porque te obliga a investigar mucho. Intento ayudar a que este mundo deje de asociarse tanto a un pasatiempo; aunque una agrupación sea amateur puede hacer grandes cosas de mucho nivel. Quizás la voz ha sufrido un menosprecio. En muchas formaciones dividían entre ‘cantantes’ y ‘músicos’ para referirse al coro y a la orquesta respectivamente. En el programa de radio «Armonías vocales» intento darle el valor que merece a la voz.

«Todo lo que yo haga como cantante repercute en el grupo. Que un niño interiorice esa lección es fundamental. Ya podía toda la sociedad aprender de la capacidad de trabajo en equipo de un coro»

¿Tu momento más dulce como profesional?
Soy una persona muy inquieta. Ha habido muchos momentos muy bonitos, lo que sí te digo es que al día siguiente estoy pensando el siguiente reto. Siempre estoy pensando en la programación, trabajando en el día a día. Estoy abierto a casi todo. Soy muy echado para delante.

¿Tienes alguna obra coral favorita?
Me gustan muchos estilos, muchos compositores y quizá lo mejor es poder combinarlos todos. Eso sí, cuanto más pasional y mayor carga emocional tenga una obra más identificado me siento. Mahler es uno de mis compositores favoritos, con partes corales poderosas, pero no es el único.

¿Vas habitualmente a conciertos?
Intento ir a todos los que puedo y en general suelo pasar bastante envidia: prefiero estar en el escenario que en el patio de butacas.

¿Hay alguna obra que aún no hayas dirigido y que consideres asignatura pendiente? ¿Tienes algún sueño musical por cumplir?
El Requiem de Guerra de Britten, pero resulta difícil montarla por las enormes dimensiones de la orquesta y de coro que se necesita y conlleva un presupuesto elevado. Es una obra que está desgraciadamente muy vigente. Ese grito de Britten de «nunca más», tenemos que seguir gritándolo. He tenido la suerte de cantarla en el coro de niños, de adulto también y siempre me ha emocionado por todo lo que significa. Britten era pacifista y esta obra fue su respuesta a todo lo que había pasado en la II Guerra Mundial y combina la misa latina del requiem con unos poemas desgarradores de Owen, un poeta soldado que había muerto en la Primera Guerra Mundial; unos versos que cuentan la realidad de la guerra, fuera del patriotismo. Desde siempre ha sido una obra que me ha impactado. 𝄂

por Ana Llovet
MUNDO CORAL Nº IV