EL QUE SOLO DE MÚSICA SABE, NI DE MÚSICA SABE

QUIÉN FUE, QUÉ HIZO
Y QUÉ ESCRIBIÓ HILDEGARDA DE BINGEN

«Compuso el auto sacramental con música ‘Ordo Virtutum’, lo cual es algo extraordinario, ya que se trata de un oratorio escrito antes de que se inventara esta palabra como tal»

Aunque no lo sepamos, nuestro día a día sería diferente sin su aportación. Abadesa, visionaria, pintora, naturalista, feminista, poeta, compositora y muchas cosas más fue Hildegarda de Bingen, que vivió en Alemania entre 1098 y 1179. Cada una de estas ocupaciones, que veremos a continuación, ya daría para mucho, pero es que además vamos a encontrar jugosas sorpresas y datos curiosos sobre ella. 

Lo más fácil es decir que, al ser la décima hija, fue entregada a la Iglesia por sus creyentes padres y como abadesa desarrolló una carrera nada desdeñable, ya que alcanzó la máxima autoridad entre sus compañeras y se comunicó con diversos barones de la Iglesia, los mismísimos papas Eugenio III y Anastasio IV y hasta con el emperador Federico I. Tras suceder en la dirección de la comunidad de Disibodenberg a su mentora y maestra Jutta de Sponheim, fundó el monasterio de Bingen (de ahí su sobrenombre; su nombre de nacimiento es desconocido) con ayuda de la marquesa Ricarda von Stade, madre de su secretaria, a la que más tarde volveremos (guiño). Fundó otros monasterios (Rupertsberg, Eibingen y Banberg) y realizó numerosos viajes de predicación. Hasta aquí los superficiales datos de los movimientos, digamos, propios de su oficio.

Pero ocurre que Hildegarda tenía visiones que la acompañaron toda su vida desde los tres años de edad y que ella no se atrevía a mostrar. Sin embargo, tanta era la fuerza de su necesidad de compartirlas que el abad de Disibodenberg decidió analizarlas junto a obispos, arzobispos, el fundador de la orden cisterciense Bernardo de Claraval y el mismo papa Eugenio III, lo cual concluyó en 1141 en la licencia canónica, o sea el permiso oficial. La prueba de que esto era lo que debía hacerse es que Hildegarda, que estaba enferma, se recuperó rápidamente en cuanto se puso a escribir. De aquí nacen sus tres libros de visiones: Scivias, cuyo nombre es un acrónimo de Scire vias Domini (Conoce los caminos de Dios), Liber vitæ meritorum (Libro de los méritos de la vida) y Liber divinorum operum (Libro de las obras divinas). Estos libros recogen las profecías que le valieron el apodo de la Sibila del Rin y de las que se hacen eco, por supuesto, sus contemporáneos del medievo, ¡pero también el programa «Cuarto Milenio», de Iker Jiménez! Estas visiones y profecías abarcaban un amplio rango de temas, sobre todo asuntos relacionados con Dios, la fe y la Iglesia.

Ilustración del Anticristo por Hildegard von Bingen

Daré dos ejemplos que me han resultado sumamente curiosos. Uno de ellos es la forma en que Hildegarda concibe al Anticristo. Como se puede ver en la imagen (ya que la señora también era ilustradora y acompañaba los textos con explicaciones gráficas), la Santa Madre Iglesia da a luz a una horrible criatura peluda…

Otra visión que me parece fascinante y maravillosa es esta que aparece en Scivias acompañada de su correspondiente ilustración: «Este gran instrumento redondo y umbroso que ves, semejante a un huevo, estrecho por arriba, ancho en su mitad y algo más ceñido en la parte inferior, representa al Dios Todopoderoso según la fe», comenta al pie la propia Hildegarda.

Ilustración de Scivias por Hildegard von Bingen

Lo siento mucho, no puedo evitarlo, yo aquí veo una vulva gigante. Y no creo que ande muy desencaminado. ¿Por qué digo esto? Por detalles que he ido encontrando según he leído sobre ella, pienso que Hildegarda de Bingen era una mujer muy consciente de la sexualidad en su día a día. Ella menciona en Scivias «el gustus pomi», es decir «el sabor de la manzana» al que se alude en la Biblia. Se trata de ese sabor rico al que para las vírgenes es tan difícil sustraerse (a esto aludiremos más adelante), y, de hecho, es el suicidio de una monja embarazada lo que le lleva a fundar el ya mencionado monasterio femenino de Bingen.

«La ‘Symphonia armoniæ celestium revelationum’ es un compendio de cantos: consta de 69 piezas con música (35 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías, 1 aleluya, 1 kirie y 1 pieza libre)»

Resulta que Hildegarda no se queda en las visiones proféticas inspiradas por contacto directo con Dios, sino que explora también la ciencia y la medicina en sus libros Liber simplicis medicinæ (Libro de medicina sencilla) o Physica (donde describe diversos elementos de la naturaleza) y Liber compositæ medicinæ (Libro de medicina compleja) o Causæ et Curæ (Causas y remedios, que trata sobre enfermedades y su curación). Es precisamente en este último donde Hildegarda se convierte en la primera mujer que describe el orgasmo femenino. Por esto y por más cosas, Hildegarda tiene la consideración de pionera del feminismo.

Por si fuera poco todo lo ya expuesto, Hildegarda de Bingen inventó palabras y un alfabeto (no en vano se la ha comparado con Leonardo da Vinci por su capacidad de meterle mano a un millón de cosas diferentes). Ella los llama ignota lingua y littere ignote («lengua desconocida» y «letras desconocidas») y sostiene que no son inventadas sino donadas (entiendo que inspiradas por Dios junto al resto de sus visiones).

Pero esto no es todo. No podemos cerrar este apartado sobre la vida y trabajos de Hildegarda sin mencionar lo diferente que sería nuestra vida sin su aportación, como dijimos más arriba, ya que Hildegarda investigó el uso del lúpulo en la fabricación de la cerveza, es decir, que la cerveza que hoy conocemos como tal y que nos acompaña cotidianamente ¡se debe a ella!

«Los prelados de Maguncia prohibieron celebrar misa en el monasterio de Rupertsberg y las abadesas dejaron de cantar en los oficios. Gracias a una carta de Hildegarda, la veda fue levantada y los cánticos fueron restituidos dentro de la liturgia religiosa, que era para lo que los había compuesto la abadesa»

La señora además escribió mucho: alrededor de 300 cartas sobre los más variados temas, la Vita sancti Disibodi (Vida de san Disibodo), la Vita sancti Ruperti (Vida de San Roberto), una Explanatio regule Sancti Benedicti (Explicación de la regla de San Benito) y una Explanatio symboli Sancti Athanasii (Explicación del Símbolo atanasiano).

¿Y de música? En cuanto a sus obras, reunió sus muchas composiciones (con letra y música escrita) en la Symphonia armonie celestium revelationum (Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales) y compuso el auto sacramental con música Ordo Virtutum, lo cual es algo extraordinario, ya que se trata de un oratorio escrito antes de que se inventara esta palabra como tal, que data del siglo XVII (debido a esto se la considera la precursora de la ópera, pero esto, sin duda, es una exageración).

Hacia el final de la vida de Hildegarda de Bingen hubo un malentendido por el que los prelados de Maguncia, en ausencia del arzobispo Christian que estaba en Roma, prohibieron celebrar misa en el monasterio de Rupertsberg y las abadesas dejaron de cantar en los oficios, limitándose a leer. Entonces, Hildegarda escribió una carta a los prelados mediante la cual justificaba los cánticos, lo que nos ayuda a entender la ingente obra musical religiosa que compuso: «Así, aquellos que sin causa justificada impusieran silencio en una iglesia y prohibieran los cánticos a Dios y los que hayan despojado en la tierra a Dios de Su honor y gloria perderán su lugar entre los coros de ángeles, a menos que hayan enmendado sus vidas a través de la penitencia y humilde reparación».

Tan convincente era la carta que al volver el arzobispo Christian de Roma la prohibición fue levantada poco tiempo antes de morir la abadesa y, así, los cánticos fueron restituidos a su lugar de privilegio dentro de la liturgia religiosa, que era para lo que los había compuesto Hildegarda.

«Parece que Hildegard musicalmente también fue innovadora: usaba intervalos de cuarta y quinta en una época en que rara vez se pasaba de la tercera»

La Symphonia armoniæ celestium revelationum es un compendio de cantos: consta de 69 piezas con música (35 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías, 1 aleluya, 1 kirie, 1 pieza libre) y cuatro poemas sin música. Como se puede ver, son obras litúrgicas, dedicadas a Dios Padre, Dios Hijo, la Virgen María y su Hijo, al Espíritu Santo, los coros celestiales, los santos patrones, canciones para las vírgenes, las viudas y los inocentes, un oficio para Santa Úrsula y las once mil vírgenes mártires de Colonia y canciones para la Iglesia. La palabra sinfonía debemos entenderla en el contexto medieval como música armoniosa. Parece que Hildegard musicalmente también fue innovadora. Por ejemplo, usaba intervalos de cuarta y quinta en una época en que rara vez se pasaba de la tercera y además el rango era muy amplio, con notas muy agudas. Por lo demás, la técnica es monofónica, con melismas y frases expresivas, escritas con la notación de le ápoca. En todo caso, se trata de un estilo ciertamente vanguardista según los estudiosos.

Al hilo de lo que comenté más arriba, incluso en estas obras religiosas aparece el sexo, como podemos ver aquí:

Nos sumus orte in pulvere,
heu, heu,
et in crimine Ade.
Valde durum est contradicere
quod habet gustus pomi.
Tu erige nos, Salvator Christe.

Hemos nacido en el polvo,
¡ay!, ¡ay!,
y en el pecado de Adán.
Es muy duro resistir
lo que tiene el sabor de la manzana.
Elévanos, Cristo Salvador.

Se trata de un fragmento de la Sinfonía de las Vírgenes, ejemplo que alude claramente a una marca singular del decir de Hildegarda que tan bien supo poner en forma de arte. 


MUNDO CORAL Nº IV