SOCIEDADES CORALES

«Los cantores amateurs del s. XIX dieron forma a un tipo nuevo de cuerpo social, la sociedad coral»

Mientras que en el siglo XIX las orquestas iban en la dirección de la profesionalización, los coros marchaban en dirección opuesta, contando entre sus filas con cada vez más cantantes aficionados. Y es que estos cantores amateurs (amadores) estaban dando forma a un tipo nuevo de cuerpo social, la sociedad coral. 

En el nuevo orden burgués decimonónico surgen distintos tipos de asociaciones en torno a las distintas estructuras que vertebran lo colectivo (partidos políticos, empresas, sindicatos o sociedades culturales). Este asociacionismo responde a la estratificación en clases sociales económicamente diferenciadas que se deriva de la estructura de la sociedad, que comienza a ser más transversal en el caso de la cultura: la música deja de ser exclusiva de los salones más pudientes y la clase obrera comienza a recurrir a ella como forma de ocio y esparcimiento. 

«El canto será valorado no solo por su uso como espacio de ocio sino como un elemento moralizador y beneficioso para el pueblo»

El canto es especialmente adecuado para ese acceso, ya que es más fácil cantar que tocar un instrumento (por capacidad natural y por recursos materiales necesarios). El canto será valorado no solo por su uso como espacio de ocio sino como un elemento moralizador y beneficioso para el pueblo. Además, los orfeones y sociedades corales ejercerán diversas funciones que responden al espíritu de la época: más allá del placer de cantar, estos servirán como reflejo de una identidad nacional, de una ideología, como estructura educadora del obrero o como lugar de reunión (autogobernados muchas veces por juntas electas, que aportaban cierta práctica democrática). Los coros aficionados se asociaron, pues, en sociedades corales, con miembros que pagaban sus cuotas para poder comprar música, pagar al director y demás gastos. Algunas serán patrocinadas por ayuntamientos o empresas, en un deseo de proporcionar formación al obrero y poder contar (como en el caso de localidades de España) con banda y orfeón. 

El canto coral fue uno de los primeros movimientos culturales de masas, tanto por número de practicantes como por audiencia. | Imagen de 자경 구 en Pixabay

Las sociedades corales ocuparon un lugar muy destacable dentro del panorama musical de la época. La Singakademie de Berlín comenzó como una clase de canto para mujeres pudientes a finales del s. XVIII; en 1832 ya contaba con más de 350 voces y había participado, en 1829, en la primera ejecución de la Pasión según San Mateo tras la muerte de Bach, bajo la dirección de un veinteañero llamado Felix Mendelssohn. Grupos parecidos surgieron en Alemania, Inglaterra, Francia, Suiza o Estados Unidos. Los coros de una región se unían en los festivales de música (los primeros se crearon en Inglaterra en torno a la figura de Haendel) y cohesionaban agrupaciones de envergadura inimaginable (el World Peace Jubilee de Boston, en 1872, congregó una orquesta de dos mil músicos y un coro de veinte mil voces). 

«Los orfeones y sociedades corales ejercerán diversas funciones que responden al espíritu de la época: servirán como reflejo de una identidad nacional, de una ideología, como estructura educadora del obrero o como lugar de reunión»

Actuación de un coro de góspel
Los coros siguen sosteniendo un rol similar al que tuvieron en los albores del siglo XIX. | Imagen de Erik Lyngsøe en Pixabay

Debemos entender que el canto coral fue uno de los primeros movimientos culturales de masas, tanto por número de practicantes como por audiencia. Las sociedades corales fueron de las primeras agrupaciones musicales en recuperar el gusto por el repertorio antiguo, aunque también estuvieron al servicio de la música de su tiempo estimulando la composición de nuevas obras tanto de pequeño formato como sobre un molde similar al oratorio haendeliano, destacando el Elías de Mendelssohn y el Requiem de Berlioz.

Los coros siguen sosteniendo, hoy en día, un rol similar al que tuvieron en los albores del s. XIX. Siguen siendo espacios de encuentro, de aprendizaje y una vía excelente para acceder a la práctica musical; se autogestionan y son un escenario de apertura e integración. Siguen nutriéndose de la música del pasado pero a la vez están conectados con parte de la música de su tiempo, ya que sigue habiendo muchos compositores que escriben y arreglan para ellos. Y en cuanto a si sigue siendo una actividad de masas, se pueden consultar datos disponibles. Si bien la cantidad de personas que cantan en coro difiere mucho en función del país y su tradición, el número de practicantes no deja de subir; se puede citar que el INAEM, en 2016, referenció 2.516 agrupaciones corales en España, calculando los expertos que podría haber hasta un 30% más. Asimismo, el informe Chorus America de 2009 estimaba que en Estados Unidos más de 30 millones de personas cantaban en coro, de un modo u otro. Sin duda, no son productos para la masa, pero sí practicados en masa. 


MUNDO CORAL Nº IV