¿POR QUÉ VOCALIZAR?

«Vocalizamos para entrenar y practicar nuestra capacidad de articular cualquier fonema en cualquier nota de nuestra tesitura»

Todos los cantantes vocalizamos, pero… ¿por qué? He hecho esta pregunta estos días a mis alumnos y las respuestas han sido variadas: «para calentar la voz», «para poder llegar a los agudos», «para poder llegar a los graves», «para trabajar el legato», «para flexibilizar la voz», «para conseguir línea»… Puede que todo esto sea cierto, ya que cualquier ejercicio que hagamos con nuestra voz nos llevará a trabajar esta en su conjunto, aunque sea desde la práctica de un elemento muy concreto.

Pero realmente vocalizamos para entrenar y practicar nuestra capacidad de articular cualquier fonema en cualquier nota de nuestra tesitura, porque sin fonema no hay voz en resonancia. Nuestra voz solo adquiere timbre, potencia, color y capacidad resonante si está envuelta en un fonema, sea cual sea este. Nuestro aparato fonador es precisamente esto: fonador, no sonador. Un piano, un oboe o un violín producen notas, frecuencias, pero nuestro instrumento solo puede hacer esto a través de un fonema, pues nuestro tracto orofaríngeo tiene una función clara y concreta: pronunciar. No únicamente vocales, obviamente, sino todo tipo de fonemas. Si anulamos esta función, nos habremos cargado el instrumento. ¡Como si hiciésemos de gomaespuma una parte de una flauta de pico!

«Solo con el pensamiento de una vocal o consonante, nuestro aparato articulatorio tomará la forma que necesite para realizarlo. Si en ese momento nosotros pensamos en una nota, nuestras cuerdas vibrarán a una determinada frecuencia»

Si pensamos un fonema, nuestros órganos de la articulación (lengua, velo blando, paredes de la boca y de la faringe, mandíbula y labios) entran en acción por una orden neurológica, toman una forma en concreto, activa y viva, para conformar ese fonema. Podemos hacerlo incluso sin emitir sonido alguno. Solo con el pensamiento de una vocal o consonante, nuestro aparato articulatorio tomará la forma que necesite para realizarlo. Si en ese momento nosotros pensamos en una nota, nuestras cuerdas vibrarán a una determinada frecuencia y esa onda ocupará el espacio orofaríngeo con esa forma determinada, resonando y produciendo armónicos. Si nuestro aparato articulatorio deforma el fonema o lo ablanda (relaja), no se producirá esto. El sonido se abrirá, no se ubicará dentro de nosotros en los lugares idóneos y naturales y, en el mejor de los casos, sonará débil y destimbrado, o peor, apretado y forzado. Si nuestros sonidos no encuentran su lugar eficiente para resonar, nuestro instinto empujará el sonido para que la fuerza haga lo que no ha conseguido la articulación.

«Si nuestros sonidos no encuentran su lugar ‘eficiente’ para resonar, nuestro instinto empujará el sonido para que la fuerza haga lo que no ha conseguido la articulación»

CUANTO MÁS ARTICULAMOS, MEJOR SONAMOS

¿Cuántas veces habremos oído decir a nuestros maestros de canto y directores de coro: «Pronunciad, el texto se tiene que entender»? Pues no solo es para esto para lo que lo pronunciamos; lo hacemos porque, si no, no sonamos correctamente.

Cierto es que hay algunos fonemas a los que tememos, por diferentes razones siempre psicológicas, más que a otros. Mi propia experiencia y la de mis alumnos me llevan a nombrar como los más temibles la «e» en todas sus vertientes, la «o» y todas las consonantes. Pero esto no quita que cada cual tenga sus propias manías, como en casi todo.

«El análisis y la observación de la articulación de todos los fonemas es infinitamente útil a la hora de poder cantarlos en cualquier tesitura»

¡PARA DEJAR DE TEMERLOS SOLO HAY QUE CONOCERLOS!

Me fascina encontrar cuál es la utilidad vocal de cada fonema, pues cada uno tiene su personalidad, definida por su punto de articulación y por su lugar de resonancia preferido. Podría proponeros el ejercicio de cantar cualquier nota (una que no os preocupe demasiado) con las vocales en diferente orden y percibir cómo las oímos dentro de nosotros de forma diferente. Enviando siempre el aire a la cavidad más trasera de nuestra orofaringe, allá donde nuestra cúpula ha desplegado su esplendor (ver artículo al respecto de esta sección), pero articulando exactamente igual que en el habla.

El análisis y la observación de la articulación de todos los fonemas es infinitamente útil a la hora de poder cantarlos en cualquier tesitura. Comprobar cómo se pone la lengua, respecto a los dientes, velo duro, velo blando, labios, cómo se abre la mandíbula independientemente de la nota y cómo, sea cual sea esta articulación, siempre enviando el aire hacia la zona del velo blando del paladar, comprobamos que la resonancia invade nuestro cráneo distribuyéndose de diferente manera según qué fonema. Comprobaréis con este trabajo que la voz toma su propio camino, sencillo, económico de aire y esfuerzo, muy resonante y personal, pues cada voz es única gracias precisamente a que nuestro aparato articulatorio y resonador es único en cada ser humano.

Esquema de la posición de perfil de la lengua en la articulación de las vocales españolas. | Ilustración: Laura Fernández

Unas muy someras y simplificadas instrucciones para articular las vocales podrían ser estas: en la «a» la lengua desciende al suelo de la boca y se retrae hacia la faringe (como si la tragases); en la «e» la lengua sube y sus laterales rozan notoriamente las muelas más traseras; en la «i» sucede lo mismo, pero en las muelas más delanteras; en la «o» la lengua hace una especie de cunita cóncava, sin rozar diente alguno, y en la «u» hace lo mismo, pero más hacia el fondo de la boca. En el velo blando del paladar y en las paredes faríngeas también hay cambios de forma entre las vocales y mucho más entre las consonantes.

«La voz toma su propio camino, sencillo, económico de aire y esfuerzo, muy resonante y muy personal, pues cada voz es única gracias precisamente a que nuestro aparato articulatorio y resonador es único en cada ser humano»

Obviamente, este tema podría dar como para un libro entero de técnica de canto. Hay muchos ejercicios y muchas formas de trabajarlo. Pero como inicio os propondría simplemente que penséis en cómo se fabrican los fonemas, que no os preocupéis de las notas (que obviamente hay que estudiar y tener en el cerebro), sino del fonema que las tiene que albergar a la hora de cantarlas.

La lengua es un músculo inquieto y potente, lo mejor es tenerlo ocupado… ¡pronunciando!